martes, 28 de febrero de 2012

Una aventura extraordinaria: UN SUSPIRO A MEDIAS

Hollywood, cada cierto tiempo, envía a todo el mundo mensajes reconciliadores. O nos enseña cuán capaces fueron ellos mismos de reconciliarse los unos con los otros y hasta con los países enemigos. Una aventura extraordinaria parte de la idea de que para salir a flote, las personas han de estar unidas. Un discurso fácil y poco elaborado, con una doble moral muy poco explotada.

Esta historia, llevada a la pantalla por Ken Kwapis, busca sobre todo la ternura entre el público. No es apta para mentes frías y despiadas. La razón no entró en juego ni a la hora de llevar a cabo el rescate de estos tres mamíferos, ni entre los mamíferos que elaboraron el enfoque de la película.

Drew Barrymore lleva a cabo su personaje más reivindicativo y pasteloso al mismo tiempo. El contrapunto lo pone John Krasinski (conocido por la serie The Office), ese actor al que siempre le dan papeles de tipo normalucho tirando a soso, con momentos de lucidez emocional y cierta topeza en materia de sentimientos.
Juntos forman una pareja más pensada para una comedia romántica que para este tipo de cine, no fácilmente catalogable.

No es que la anécdota carezca de jugo, es que el planteamiento podía haber sido otro. Podría haberse llevado a lugares menos comunes, profundizando más en las consecuencias políticas que supuso al tener que pedir, los Estados Unidos, ayuda a los soviéticos; entrar un poco más en el funcionamiento y movimiento de Green Peace. En fin, haber realizado una película menos ñoña de la que nos han presentado.

Una aventura extraordinaria pretende ser de esas películas que se incluyen en lo que ya es casi un género en sí mismo: "para toda la familia". Realmente, lo que esta etiqueta, en este caso, pretende decir, es que los niños disfrutarán con ella, y se implicaran al 100%; sin embargo, los adultos tratarán de encontrar algo que les llame verdaderamente la atención, probablemente sin éxito.

De sobra sabemos que Kwapis no es de los que se complican la vida; de los que arriesgan con producciones de muy distintas temáticas y puntos de vista. Esta cinta es la salida fácil que la Industria da a esta historia; no obstante, tal sobredosis de humanitarismo y solidaridad llega a chirriar. No porque el mundo no pueda ser un lugar maravilloso lleno de gente buena, sino porque en pantalla hay que cuidarse mucho de no edulcorar las tramas. Buscar la lágrima fácil es sinónimo de fracaso. El público no es tonto, aunque pueda hacérselo. Mostrar, sin guardarse ningún as en la manga, a un malo egoísta y ambicioso; y no aguantar ni 5 minutos de la película haciendo que es espectador crea que verdaderamente pueda ser malo, es un error de principiante. Un error que hace que el interés caiga de manera estrepitosa al poco tiempo de arrancar la película.

Es posible que el final levante un poco los ánimos, para no ser tan duros. El paisaje acompaña y el ritmo de la película se vuelve más intenso, menos plácido, y la impaciencia se convierte en algo positivo, con tal de saber cómo acaba esta historia de amor a la naturaleza.

La incapacidad por terminar de empatizar con ninguno de los personajes hace que uno salga del cine con las expectativas muy mal cumplidas. Salvando ciertos detalles de la fotografía, firmada por John Bailey, y por el logro de los efectos especiales (el trío de ballenas está bastante bien conseguido); técnicamente no es una película nada destacable. Y si en este aspecto no es destacable, y no nos terminamos de creer el enfoque de la historia, el resultado es que este film pasa sin pena ni gloria por nuestra memoria cinematográfica.

Lo mejor: La secuencia de Barrymore bajo el agua con las ballenas
Lo peor: No terminar de involucrarse en la historia, dada su ñoñería / No sacar más partido a la doble moral implícita en el rescate

Nota: 4





No hay comentarios:

Publicar un comentario